En el presente, con más énfasis que en el pasado, la Educación Técnico Profesional (ETP) es referida por su potencial de contribuir a las demandas, tanto de orden social como económico de los países. Entre sus atributos que se valoran está su carácter inclusivo, que le permite convocar a una diversa población estudiantil que aspira a progresar personal, laboral y socialmente. Asimismo, esta educación es vista como una fuente de capital humano específico para las empresas, en la medida que se espera que esté particularmente bien alineada a la realidad y necesidades de los sectores productivo y de servicios. No obstante, en un escenario de incremento de las tasas de graduación de la secundaria y de acceso a la educación superior en los países de América Latina, el sistema escolar va dejando de ser paulatinamente el principal espacio de provisión de la ETP para responder a estas expectativas. En cambio, es la ETP de nivel superior, la que rápidamente se va posicionando en la región por su dinamismo y por ser foco de una amplia variedad de reformas e iniciativas gubernamentales.
Se trata de un sector relativamente nuevo, conformado por instituciones de naturaleza jurídica distinta, asociada al tipo de titulaciones que están habilitadas para emitir. Cada país, posee su propio mapa institucional y de programas de estudio con denominaciones diversas, lo que dificulta la comparabilidad regional (UNESCO, 2016). Estos programas, van desde los dos hasta los cinco años de duración, pudiendo estos últimos conducir a titulaciones equiparables a los otorgados en la vertiente universitaria. No obstante, los programas de corta duración que conducen a ocupaciones específicas son el rasgo principal y distintivo de la ETP de nivel superior. Para los recién graduados del sistema escolar son una alternativa de formación de las primeras competencias postsecundarias, mientras que, para los adultos trabajadores, son una alternativa de adquisición de más competencias en el área elegida, o de reconversión laboral hacia otras áreas. Es un sector clave en la democratización de la educación superior, pero que, al igual de lo que sucede con la ETP de nivel secundario, tiene el desafío de superar el estigma de educación remedial, parte de un circuito educativo diferenciado, de menor calidad, destinado para quienes la educación de corte académico no es una alternativa viable.
Este documento presenta, para un conjunto de países de América Latina, los avances en materia de sistemas de aseguramiento de calidad en la ETP de nivel superior. Para ello recurre a revisiones previas de la ETP en la región (UNESCO 2016; Sevilla B., 2017) y de los sistemas de educación superior (Ferreyra et al., 2017), que son actualizadas y complementadas con fuentes oficiales de los países y puestas en perspectiva comparada
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