Teoría evolutiva
La biodiversidad engloba la amplia variedad de seres vivos que habitan en la Tierra y es el resultado de miles de años de evolución. La evolución es el proceso biológico mediante el cual las especies de seres vivos cambian a lo largo del tiempo, adaptándose a las presiones y desafíos ambientales. Es la forma en que las especies experimentan cambios heredables; para que estos cambios ocurran, se requieren muchas generaciones a lo largo de miles de años.
Evidencias que apoyan la teoría de la evolución
- Paleontológicas. El análisis de los fósiles permite observar las características de seres vivos del pasado y relacionarlos con los del presente.
- Anatómicas (anatomía comparada). El análisis de las semejanzas y diferencias de las estructuras anatómicas de los seres vivos (órganos homólogos y los órganos análogos) permite establecer la relación de parentesco entre algunas especies.
- Embriológicas (embriología comparada). Las pruebas embriológicas han establecido que los embriones de distintas especies, en sus etapas tempranas de desarrollo, muestran muchas semejanzas.
- Bioquímicas. La comparación de los distintos organismos a nivel molecular (ADN, proteínas) permite establecer el grado de parentesco entre ellos. Por ejemplo, el ADN del chimpancé solo se diferencia en 1,8 % del ADN de los humanos, lo que indica que ambos son parientes muy cercanos.
- Biogeográficas. La existencia de especies parecidas que habitan lugares similares, en geografías distintas, permite establecer su parentesco. Por ejemplo, los camélidos, como las llamas y los camellos, habitan distintos lugares del planeta en hábitats similares.
Evolución y adaptación
Cuando las condiciones del ambiente cambian, los individuos con ciertas variaciones genéticas pueden tener ventajas para sobrevivir y reproducirse. Estas ventajas pueden hacer que ciertas características se vuelvan más comunes en la población con el tiempo, a través de un proceso llamado selección natural. Por ejemplo, en un bosque tropical, las águilas harpías con garras más grandes y más fuertes tenían una ventaja, pues tenían más éxito al cazar. Con el tiempo, estos rasgos se volvieron más comunes en la población de águilas harpías, ya que las cazadoras más exitosas tuvieron más oportunidades de reproducirse y pasaron esos rasgos a su descendencia.

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