Las tecnologías de la información y comunicación y la formación inicial de los docentes. Modelos y competencias digitales.

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Resumen:

Hablar de la formación del profesorado en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), implica el estudio de diferentes dimensiones y principios, contemplando las indicaciones que han apuntado distintos estudios y trabajos. En la sociedad actual, es claro que la significación de las TIC para mejorar la calidad y el rendimiento educativo, no viene exclusivamente determinado por su presencia, sino también por diferentes transformaciones que implican pasar de utilizarlas únicamente como una forma de consumir conocimientos, a verlas como herramientas para enriquecerlos, crearlos y generarlos. Desde esta perspectiva, la inversión en desarrollo profesional es más importante que la inversión en recursos asociados a la tecnología, siendo un aspecto importante para su incorporación, el no plantearse únicamente su utilización para hacer mejor las cosas que hacemos sin ellas, sino para hacer cosas completamente distintas.

Desde esta óptica, planteamos el presente artículo en el que se describe un recorrido por algunas de las bases y modelos, analizando la problemática de la formación en las competencias digitales que debe poseer el profesorado a la hora de incorporarlas en su práctica docente y profesional.

1. La situación de las TIC en la enseñanza. Si la educación se ha visto transformada en los últimos años, una de las variables que han influido notablemente para ello ha sido la fuerte penetración que han tenido las “Tecnologías de la Información Comunicación” (TIC) en las aulas analógicas y digitales. Gracias a éstas, se han impulsado determinadas metodologías y estrategias de enseñanza ampliado los escenarios de formación, se han propiciado nuevas formas de interacción entre discentes y docentes facilitando el acercamiento a los contenidos desde múltiples perspectivas y favoreciendo el desarrollo de las inteligencias múltiples del alumnado y se han creado ambientes flexibles y enriquecidos de aprendizaje.

Esta penetración va en aumento con la presencia de nuevas tecnologías emergentes (Tecnológico de Monterrey, 2015; Johnson y Adams, 2016; Adams, Cummins, Davis, Freeman, Hall y Ananthanarayanan, 2017), como la realidad aumentada y virtual, la internet de las cosas, los MOOC, o las analíticas de aprendizaje y la potenciación de investigaciones y estudios sobre sus posibilidades y estrategias de utilización (Barroso y Cabero-Almenara, 2010; Escalona, Gómez y Escalona, 2017).

Pero paradójicamente, frente a esta fuerte presencia y posibilidades que se le conceden a las TIC, nos encontramos con una situación y es que “no se ha encontrado una correlación directa entre mejores resultados, como por ejemplo en las pruebas PISA de lectura, matemáticas y ciencias, o en otras pruebas nacionales o internacionales y las inversiones en tecnología en el aula.” (Unesco, 2016, 16). Por Las TIC y la formación inicial de los docentes. Modelos y competencias digitales. 249 otra parte, los datos arrojados por aquellos países participantes en el proyecto TALIS (Teaching and Learning International Survey) corroboran que la inversión en desarrollo profesional es más importante que la inversión en recursos asociados a la tecnología. Incluso trabajos recientes aplicando el método de las ecuaciones estructurales a los datos obtenidos del informe PISA, indicaron que el acceso a las TIC en el hogar tiene una incidencia estadísticamente significativa y positiva sobre el rendimiento educativo, más que el usado en la escuela (Alderete, Di Meglio y Formichella, 2017).

Coincidimos con Beneyto-Seoane y Collet-Sabé (2018), en que la barrera fundamental no es el uso tecnológico, sino la imposición de tecnología no siempre significativa para la práctica docente. Es claro que su significación para mejorar la calidad y el rendimiento educativo no viene exclusivamente por su presencia, sino también por diferentes transformaciones, como por ejemplo el cambiar las percepciones que tenemos sobre sus potencialidades y pasar de verlas exclusivamente como TIC, a observarlas como TAC (Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento) y como TEP (Tecnologías para el Empoderamiento y la Participación) (CaberoAlmenara, 2014a; Pinto, Cortés y Alfaro, 2017). Todo lo anterior lleva a pasar de utilizarlas únicamente como una forma de consumir conocimientos a verlas como herramientas para enriquecerlos, crearlos y generarlos; siendo un aspecto importante para su incorporación, el no plantearse únicamente su utilización para hacer mejor las cosas que hacemos sin ellas, sino para hacer cosas completamente distintas.

Como llama la atención el “Banco Interamericano de Desarrollo”, para mejorar los aprendizajes, las infraestructuras tecnológicas son necesarias, pero no suficientes:

“Para alcanzar este objetivo es fundamental trabajar con los actores clave del proceso de aprendizaje y coordinar sus acciones a nivel del sistema educativo. En primer lugar, se debe apoyar a los docentes para que la enseñanza responda más a las necesidades de los alumnos y se los debe entrenar para enseñar en el nuevo contexto tecnológico” (Arias y Cristia, 2014, 3).

A este respecto se está en una doble situación; por una parte, cuando se les pregunta a los docentes sobre las actitudes y motivación que tienen para su incorporación, las respuestas suelen ser positivas y altas (Gutiérrez, 2014; Broadbent, 2016; Diep, Zhu, Struyven y Blieck, 2017; González, 2017); y por otra, que la formación que tienen para su utilización educativa es baja y sobre todo más en lo referente a aspectos didácticos que a su manejo instrumental, hecho que se presenta independientemente del país en el cual el docente ejerza (Suárez, Almerich, Gargallo y Aliaga, 2013; Cabero-Almenara y Barroso, 2016; Valdivieso y Gonzáles, 2016; Sola, Nniya, Moreno y Romero, 2017). En concreto en el caso español según el informe TALIS (2009) y la “Encuesta europea a centros escolares sobre TIC en educación” (2013), España es uno de los países de la Unión Europea que más ha invertido en formación y las encuestas siguen apuntando que los docentes afirman que no están formados para su utilización educativa. Y no cabe duda que la formación que tengan es determinante, por una parte, para que las utilicen en su práctica profesional y por otra, para que lleven a cabo usos más innovadores de ellas (Suárez, et all., 2013; Vargas, Chumpitaz y Suárez, 2014).

Las TIC y la formación inicial de los docentes. Modelos y competencias digitales. 250 Y en este aspecto de la formación del docente en TIC, es en lo que se centra el artículo, planteando algunas de las bases y modelos propuestos y analizando la problemática de la formación en las competencias digitales que deben poseer los profesores.


Artículo: Cabero-Almenara, J. & Martínez, A. (2019). Las Tecnologías de la Información y Comunicación y la formación inicial de los docentes. Modelos y competencias digitales. Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 23(3), 247-268. DOI:10.30827/profesorado.v23i3.9421


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Documentos:

Autor

Profesorado: Revista de Curriculum y Formación del Profesor
VOL.23, Nº3 (JULIO-SEPTIEMBRE, 2019)
ISSN 1138-414X, ISSNe 1989-6395. DOI: 10.30827/profesorado.v23i3.9421

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Las tecnologías de la información y comunicación y la formación inicial de los docentes. Modelos y competencias digitales.
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Hablar de la formación del profesorado en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), implica el estudio de diferentes dimensiones y principios, contemplando las indicaciones que han apuntado distintos estudios y trabajos. En la sociedad actual, es claro que la significación de las TIC para mejorar la calidad y el rendimiento educativo, no viene exclusivamente determinado por su presencia, sino también por diferentes transformaciones que implican pasar de utilizarlas únicamente como una forma de consumir conocimientos, a verlas como herramientas para enriquecerlos, crearlos y generarlos. Desde esta perspectiva, la inversión en desarrollo profesional es más importante que la inversión en recursos asociados a la tecnología, siendo un aspecto importante para su incorporación, el no plantearse únicamente su utilización para hacer mejor las cosas que hacemos sin ellas, sino para hacer cosas completamente distintas.

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