“Nada es permanente a excepción del cambio.” Heráclito
1.1 El asombro:
Todos tenemos una idea más o menos clara de la situación que nos toca vivir, pero esto no es suficiente para emprender una meditación de tipo filosófica. Dentro de nuestra vida cotidiana y la necesidad de atender asuntos urgentes, entre las que podemos destacar: las responsabilidades, los deberes, el trabajo, rara vez tenemos la oportunidad de plantearnos las preguntas de las que se ocupa la Filosofía.
El ser humano se admira ante lo que desconoce, es decir, que el asombro implica un reconocimiento de la propia ignorancia y también una derrota del pensar mítico, por cuanto este deja ser una respuesta satisfactoria ante las exigencias de la reflexión filosófica, aun cuando haya de reconocerse que ambos surgen de la necesidad del hombre de explicar el mundo.
La costumbre de ver las cosas todos los días no nos permite ver lo maravilloso de este mundo como un amanecer o atardecer, es decir: el suceder de las cosas.
1.2 Del mito a la razón
En un comienzo los hombres explicaron los fenómenos de la naturaleza atribuyéndolos a los dioses. Este tipo de explicaciones recibió el nombre de mito. Luego buscaron explicar estos fenómenos de una forma más racional y satisfactoria, lo que propició el surgimiento del quehacer filosófico.
En la Antigüedad es imposible deslindar con claridad el terreno del mito, del de la filosofía, sin embargo, se puede decir que la filosofía surgió en Grecia, la India y Egipto, de un grupo de hombres que se preocuparon por la búsqueda de explicaciones racionales a los fenómenos naturales. Las respuestas que lograron les ayudaron a comprender la naturaleza y a restarle valor a los mitos, originando un proceso de desmitificación. Estos primeros pensadores comenzaron a buscar lo esencial, no ya en la causa externa a los fenómenos, sino en ellos mismos.
La búsqueda del principio originario de los fenómenos de la naturaleza, fue el primer gran problema que abordaron los diversos autores griegos. Este principio fue denominado por algunos como el arjé. Ese es el caso de Tales de Mileto quien encontró en el agua el principio único que daba origen y sustento a toda la realidad.

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