Organización de los Contenidos

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Criterios para Organizar Contenidos

La primera tarea de organización de la enseñanza es tomar decisiones sobre los contenidos.  Antes de impartir la asignatura o materia de estudio, el docente debe plantearse qué quiere trabajar y en qué orden y secuencia debe presentar los contenidos.

Las diversas opciones se diferencian entre sí según se refieran a criterios lógicos o logocéntricos  o  a los basados en el alumnado o paidocéntricos.

Los criterios logocéntricos son los que  articulan el programa en función del concepto epistemológico de la materia, de su objeto de estudio.  Presentan una estructura lógica de los contenidos.  El programa se elabora siguiendo un orden lógico desde lo más complejo hasta lo más simple, uniendo hechos y datos con problemas y contenidos de la disciplina y creando nexos con orden antecedente y consecuente.

Los criterios paidocéntricos son los que se adaptan el programa a las características y necesidades del alumnado.  Tiene en cuenta qué temas y cuestiones de estudio pueden articularse a partir de los intereses del alumnado y cómo puede relacionarse a la estructura lógica del currículum de la materia con sus vivencias y experiencias para que el programa resulte motivador.

El planteamiento disciplinar

En la actualidad, el planteamiento disciplinar es aquel que predomina a partir de la enseñanza secundaria en la mayoría de los sistemas educativos.  El criterio de este planteamiento es la ordenación y selección de los contenidos a partir de la organización lógico formal de la disciplina académica.   Esto supone seguir las estructuras internas de cada una  de las disciplinas  o áreas de conocimiento, que se justifican por las relaciones lógicas que presentan entre sí los elementos o las ideas, desde lo general a lo particular, o desde lo abstracto hasta lo concreto.  La clasificación por disciplinas depende de la memorización y de la sistematización.

Los contenidos de la enseñanza también se deben articular en función del concepto de las asignaturas, de su objeto de estudio, y con una estructura lógica.  En este planteamiento son muy importantes, además, los criterios de distribución, ordenación y secuenciación de los contenidos disciplinares.  Estos criterios no pueden basarse en instituciones, sino que deben responder al desarrollo evolutivo del alumnado, a la coherencia con la lógica  de la disciplina, a la adecuación de los nuevos contenidos a los conocimientos previos, a la priorización de contenidos y a la interrelación  entre ellos.

Los planteamientos globalizadores

El concepto de globalización surgió y se desarrolló a lo largo del siglo XX.  Ya en 1908, E. Claparede describió algo parecido bajo la denominación de percepción sincrética.  Posteriormente O, Decroly  lo denominó función globalizadora y lo definió como la actitud natural que todos poseemos, en grado diverso, para captar el mundo externo como un todo indistinto, un conjunto confuso, del que disociamos cada uno de sus elementos solamente bajo el influjo de un estímulo afectivo (necesidad, tendencia, sentimiento).

En los planteamientos globalizadores los contenidos deben adaptarse  a las características y necesidades de los alumnos a quienes se dirige la enseñanza.  Esto implica plantear qué  temas y cuestiones de estudio pueden articularse a partir de los intereses del alumnado e indagar cómo puede relacionarse la estructura lógica del currículum  de la materia con las vivencias y experiencias de los  alumnos para que el programa resulte motivador.

La globalización critica la teoría clásica, según la cual una idea es una adquisición  de percepciones simples que se asocian entre sí.  Es decir, los factores comunes se deducen por comparación  y los conceptos de género, especie, clase,  etcétera, cada vez mas elevados y universales,  se constituyen gradualmente.

Por el contrario, la función de globalización defiende que el conocimiento primordial en el niño no es analítico y abstracto, sino global, ya que tiene una percepción confusa e indiferenciada de la totalidad.  Por lo tanto, la enseñanza globalizadora se basa en las estrategias didácticas que articulan el programa escolar a partir de núcleos temáticos extraídos del mundo que rodea al alumnado.  Los temas se estudian desde diversos puntos de vista que comportan conocimientos de las diversas disciplinas de la enseñanza.  La globalización utiliza procedimientos paidocéntricos y psicocéntricos.

Como procedimientos psicocéntricos, hay que apuntar la necesidad de integrar la enseñanza ocasional, que aprovecha la motivación del momento, fruto de acontecimientos que se producen en la vida o en la experiencia cotidiana de la comunidad.

Globalización e  interdisciplinariedad

La globalización consiste en una aproximación consciente a una realidad compleja, en la que cada uno de los elementos que la forman está estrechamente interrelacionado con los demás y unos son consecuencias de otros.  Lo que marca la diferencia entre un planteamiento globalizador y uno disciplinar es el ser conscientes de la característica global de la realidad, lo que conlleva la superación de las visiones parciales de las diversas disciplinas.

Por tanto, las estrategias metodológicas  globalizadoras se refieren a las actividades que se articulan a partir de núcleos temáticos extraídos del mundo que rodea los alumnos.   Los temas se estudian desde diversos puntos de vista  que incorporan conocimientos de las diversas asignaturas o materias, por lo que se establece una interacción de dos o más disciplinas sobre el mismo objeto de estudio.     El objeto de estudio se contempla como un todo que hay  que analizar utilizando los instrumentos de los que se pueda disponer.  Las disciplinas escolares carecen de valor por sí mismas, y están al servicio del conocimiento del objeto, motivo de su razón de ser.

Este tipo de estrategia conduce a la organización de los contenidos a partir de los intereses y necesidades del alumnado, relacionándolos estrechamente con sus tendencias y experiencias espontáneas.  Por lo tanto, el criterio será el de adaptarlos a las condiciones psicológicas de los estudiantes, lo cual dará lugar, por un lado, a la adecuación del proceso didáctico  a las características de la formación de las ideas de los alumnos y, por otro, a la búsqueda de un currículum que corresponda a sus intereses y necesidades.

No debe confundirse la globalización con la interdisciplinariedad.  La interdisciplinariedad es la influencia recíproca entre ciencias que tienen semejanzas estructurales.  En el campo didáctico se aplica a la interacción  entre dos o más disciplinas, que  puede ir desde la simple comunicación de ideas hasta la integración recíproca de los conceptos fundamentales.

La estrategia metodológica de la interdisciplinariedad es la aplicación del concepto globalizador cuando la educación se divide en materias o asignaturas por cuestiones curriculares (por ejemplo, a partir de los niveles superiores de la educación secundaria).

En resumen, la globalización es un hecho psicológico que significa  que el alumnado inicia un proceso cognitivo mediante la percepción de totalidades.  A partir de aquí se puede  efectuar un análisis de las partes o elementos para llegar, después, a una síntesis de la totalidad.  El estadio final es captar la realidad articulada y estructurada.  Los conocimientos  no se derivan de la percepción  de hechos o fenómenos  inconexos, sino de aquellos que se perciben como unidades  con significado integradas en conocimientos globales.

Las estrategias globalizadoras más destacadas son los centros o proyectos de interés, el método de proyectos, las técnicas de Freinet y la metodología de descubrimiento y la investigación.

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