La Camisilla de Veraguas, es de Veraguas

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La Camisilla Veragüense

Evolución

Este recuento histórico, exposición de lugares, personas y costumbres deben llenar de orgullo a todo hijo de Veraguas. Constituye un compendio de sensibilidad humana, la transmisión emotiva de un tiempo que pasó, pero también la sonrisa oculta detrás de una lágrima cuando cuenta lo que hizo como parte de su vida diaria. Y es que cada “campo”, cada pueblo tiene su memoria histórica que aún recuerda las cosas que ocurrieron ayer…

La familia de Francisco Javier Guerrero y Vera, aparece nombrada y recordada en Veraguas en la primera mitad del siglo XVIII por el uso“dominguero” de un tipo de camisa blanca de cuello abierto y puños cerrados llamada Guayabana.

En el año 1735, Don Alonso Guerrero y Vera, hermano de Francisco Javier. Es Regidor en el Cabildo de Santiago de Veraguas, mientras que en 1756 el Lic. Don Manuel Guerrero y Vega, el otro hermano, es presbítero en esa población. Y ambos participaron en la realización del Corpus. Era y sin duda la autoridad civil y clerical, una “familia” realizando una actividad de beneficio único.

Don Francisco Javier Guerrero y Vera aparece en los registros de la real hacienda como propietario de la mina EL AGUACATAL de Veraguas en 1670; y en el año 1977 como dueño también de la Mina La Soledad y la de Marajá o Nuestra Señora de la Concepción.

Con residencia tanto en Antón, como en Veraguas, Don Francisco, el amo, el minero, el esclavista, impuso un modo de vestir, sus camisas, traídas de la Habana Cuba, eran objeto de admiración y sutiles comentarios de la población que paulatinamente dejó de llamarle Guayabana o Cubana a la camisa para denominarle Guayabera, es decir, la camisa que usaba ÑO VERA (Señor Vera).

Eso también se vio reflejado en los versos que los danzantes de los diablos Limpios improvisaban.

Ejemplos:

Venimos a Cañasilla

con esta junta de diablos

tamos pagando una manda

ahora en el Corpus bailando

y saludos le traemos

al hombre de Camisilla.

   ----------o-----------

Dicen que la noche viene

que la tarde se va,

si no hay chirrisco muy durce

se forma la moridera

ojalá aquí lo pagara

el señó Vera.

----------o-----------

Cuando la danza se acaba

se va para no volver

con suerte el año que viene

ya me volverás a ver

traeré una gran gritadera

salomando por los llanos,

con Guayabera estará

otra vez el señor vera.

Fueron estos versos de la época, donde no se puede precisar su autor, transmitidos de generación en generación; modificadas sus rimas, se mantiene la esencia y el espíritu de lo que se desea expresar, con la legitimidad tan sencilla donde, se reafirman los valores del ser humano.

Porque en su sencillez literaria, no muy interesado en rimar, ese diablito danzante hacía gala de su verso para decir al pueblo reunido en su verdad.

De lo anterior podemos concluir que los hechos vivos de una sociedad como la que nos ocupa, de una marcada orientación machista, partidista y clasista, que se destaca en las “fiestas del pueblo”, no se presentan aislados sino integrados en conjuntos complejos en los que se cumplen funciones específicas porque una sola familia representaba tanto en el poder civil como el eclesiástico.

Era necesario asumir y mediatizar a un tiempo la inquietud social y cultural que provocaba la creciente percepción del uso de la Guayabera con otros fines; y es que el hombre que usaba camisilla difundía modelos de conducta que estaban íntimamente relacionados tanto a su posición social como al grupo político al que pertenecía, grupos que respondían a intereses creados porque servían a círculos sociales cerrados y que correspondían a los grupos dominantes y con mucha frecuencia poco solidarios con el prójimo.

La Iglesia: Sociedad y Educación.

La fundación de la Universidad de San Javier entre los años 1744 – 1750 creación del prelado Francisco Javier de Luna, Victoria y Castro contribuyó a fomentar y estrechar los nexos comerciales y culturales entre la capital y la región de Veraguas. La influencia de los Jesuitas se deja sentir en San Marcelo de Las Palmas donde se vive con mucha devoción las actividades que, para el Corpus, organizaba la iglesia. Ya en 1770 Fray Antonio Margil era el encargado de la educación en la población.

El 8 de febrero de 1773 se encarga Fray Benito Boch quién acentúa las enseñanzas de Religión, Matemáticas, cantos, clases de costura y confección de camisas y pantalones. Esto fue posible por el uso que se le dio a un “Libro de Geometría Práctico y Trazado” que, publicado en 1589, fue de uso común en Madrid y se convirtió en el primer tratado de sastrería que evolucionó el arte en América.

Estas enseñanzas se fueron esparciendo, tanto en el tiempo como en el espacio y su función socializante se vio reflejada en la sociedad que las hijas mujeres les hacían tanto a sus padres como a los abuelos.

Abuelita: ¡Enséñame a cosé!

El 16 de abril de 1871 es consagrado obispo Ignacio Antonio Parra. En sus giras por Veraguas, intuye que la población está no sólo cansada de los gobiernos, también tiene un agotamiento físico y mental, porque le hacen vivir la mentira de lo que oye en contraposición a lo que observa que se hace.

Buscando ser una mediadora, en 1872, la iglesia nombrada cura de Atalaya al fraile Manuel Ceballos quien desarrolla una intensa labor educativa reflejada en las labores de costura de las damas de la sociedad que no habían contraído matrimonio conjuntamente con las niñas y adolescentes del pueblo.

El obispo Paul Vargas llega a Santiago de Veraguas en 1878 y felicita al vicario Don José de Eleizegui por su trabajo en la enseñanza y mejoramiento de las costumbres, pues en la sacristía se cosían camisas y pantalones de trabajo para la población. Y es que un nuevo elemento se había agregado al trabajo. La máquina de coser, perfeccionada hacia 1846 por Isaac Singer revolucionaría la confección de la ropa.

El pueblo y sus habitantes se convirtieron en receptores de las cosas que en la capital ocurrían. Por ejemplo, en 1880 habían llegado de Cuba Lino A. Boza, su hijo Pablo y el sobrino Máximo Arrantes, quienes siendo músicos, se vestían con finas guayabanas, término que ya la población veragüense había cambiado.

Las costureras desarrollaron diseños espontáneos en sus telas, de las observaciones que día a día, fiesta tras fiesta se realizaban como parte de las actividades colectivas de los pueblos en estrechas relaciones con el ambiente y con los rigores de la vida diaria, lo que valida lo popular, el papel de la creación íntima y personal en la cultura.

La sociedad veragüense mantuvo una simbiosis con la iglesia, lo que constituyó la principal fuerza de la economía para dirigirla social y culturalmente, lo cual perpetuó en un aro vicioso la orientación de la élite y los instrumentos que generaban riqueza; la misma que cimentada estaba en el latifundio.

Los terratenientes se mantuvieron como dueños de todo, según Alfredo Castillero Calvo: “porque la tierra ejerce una poderosa función conservadora, pues se trata de un bien que como puede transmitirse de padres a hijos, generación tras generación, asegurando su conservación perpetua en unos mismos titulares".

La pirámide poblacional podemos resumirla así:

1. El cura, la autoridad real o municipal y el hacendado blanco.

2. En el nivel intermedio está el pequeño blanco depauperado que puede ser un pariente pobre de los dominantes, los hijos del cura, algunos artesanos que mantenían nexos de trabajo directo a castas dominantes. Se ubica también aquí al mestizo que posee capital, tierras y ganado. (Sin duda muy pocos).

3. A este nivel está la gran mayoría de todos los mestizos, vaqueros, mineros y miembros de la policía.

4. En este grupo se destacan los campesinos, cuyo origen indígena los sitúa como gente que vive lejos del pueblo, que baja de las montañas a vender sus brazos como asalariados, los denominados peones de hacienda que el tiempo transformará en capataces.

5. Aquí la situación es diferente, está el negro que se integra a los libretos y que prefiere quedarse al servicio de sus patrones y su vinculación a la familia termina haciéndose muy estrecha, y obtiene beneficios que le son muy reconocidos y necesarios, la instrucción educativa y el seguimiento del ejemplo del amo.

Este mecanismo de integración a la sociedad de la época les permitió sobrevivir. Tratándose de un grupo tan heterogéneo era necesario reducir las distancias y las fricciones propias de los grupos de distinto origen cultural obligados a convivir y participar en una sociedad desigual, injusta y muy apegada a sus patrones de vida. Esto ocasionó que la legitimidad aparezca como un elemento más de las estructuras demográficas del grupo dominante blanco, dando lugar a las variantes en el lenguaje, que al igual que la conciencia y aún el hombre mismo no pueden tener otra forma de existencia que la existencia social, puesto que la identidad del hombre se fortalece a través del intercambio, en su relación social con los demás hombres.

Sin embargo, las tensiones sociales van en aumento, vientos de tempestad azotaban la región.

“El aire pesa toneladas de fatiga sobre el lomo del pueblo cansado. Los ranchos agachan más y más sus silencios grises. El viento ciñe un cansancio de plomo en torno a los hombres y en torno a los desesperanzados despojos de los plantíos”. El texto tomado de LUNA EN VERAGUAS (1946) de Mario Augusto Rodríguez, quien nace en 1917, refleja el contexto histórico.

¡Y es que la estructura socio – política y agraria no cambió con la guerra de los 100 días…!

En el año 1900 el gobernador de Veraguas era el cura Antonio María Sanguillén. Por esos panameños, el pensamiento transformador estremece las raíces de una juventud en ascenso cuyo deseo íntimo y perseverante fue cambiar su situación social y económicamente mediante la educación. El sistema colonial llevaba en su seno los elementos de una lucha ideológica que incluía creencias religiosas, valores humanos y tradiciones, todos unidos con su simbología que representa la variante psicoafectiva cuyos lazos estaban representados por la música, la danza y los cánticos religiosos.

Las influencias del Colegio Colombiano de las Escuelas Pías, fundado por los Escolapios en 1890, había dado frutos y tenía elocuentes maestros, finos latinistas, magníficos matemáticos, historiadores y geógrafos que se vestían con camisilla y gabán oscuro.

En el año 1909, se funda una Escuela para varones en Cañazas, dirigida por el cura párroco Don Quirino Ortíz de Zarate, orientada a elevar la autoestima y las costumbres tradicionales propiciando de esta forma las actividades hogareñas.

Y esto sucede como respuesta al plantel educativo por los religiosos de la Orden de San Juan Bautista, en 1908, en el pueblo de Santiago, dirigido a una clase social capaz de pagar la educación.

El 24 de septiembre de 1910, Juan Francisco Amores, ascendió al presbiterado, provocó mucha alegría pues era un veragüense. Este fraile se preocupó por la educación, la moral, la ética, pero sobre todo valorar al ser humano sin atender a la clase social a la que perteneciera. Estos conceptos se pusieron de manifiesto en el proyecto de ley que, en 1910, propusiera Don Guillermo Andreve. La ley declaraba como “cívicas”las fiestas religiosas, las cuales serían mantenidas como tradicionales, lo cual si bien no afectaba en nada la práctica religiosa de los fieles si admitía su valor y respetuosa observancia por parte de los panameños.

¡Así que había que vestirse bien para asistir a los actos religiosos!

Pero no es la dialéctica la que impone a los hombres que vivan su historia a través de los diálogos y órdenes impuestas, sino que son los hombres en el esquema de las necesidades de expresión quienes se enfrentan en un juego simultáneo de acción y reacción.

Surge entonces el Tamborito:

CORO

Camisa de raya traigo yo,

La traje de la Atalaya.

Se fue ya a la guerra y gané yo

Tengo una voz como metralla.

CORO

Camisa de raya traigo yo,

La traje de la Atalaya.

Si mi moreno se le pone

Cantan los gallos por los rincones.

CORO

Camisa de raya traigo yo,

La traje de la Atalaya.

Vamó a cantá, vamó a bailá,

La yuca en el bajo se desmorona.

CORO

(Aparece la música en Tradiciones y Cantares de Panamá de Narciso Garay, publicado en 1930).

Sin duda, fue la respuesta de la cantalante conocedora de la situación social, quien se convierte en la defensora del hombre que no tiene posibilidades de adquirir una camisilla blanca, pero si una de rayitas menudas, con cuello chino, puños abiertos sin botones, con una pechera que luce seis alforzas encontradas en la línea de botones (con gancho quita y pon) de vivos colores y que sólo llegan a la parte central de la camisa; la misma que de la Placita (en una noche de Santiago Apóstol) se fue para Montijo y pasando por Limón de Tijeras llegó al Llano de Catival, atravesó Loma de Quebro, tomó un respiro en Punta Ventana Blanca para llegar a Cambutal y quedarse en Punta Guánico. Allí tomó otro nombre. Hoy se le conoce como camisilla Tonosieña.

De la tonada podemos decir que es un tamborito con salomas de libertad y gritos de resurgimiento de la separación política y social. Es la ley de la vida que exige un nuevo orden. Las estructuras coloniales han ido decayendo, pues es constante el rechazo hacia las clases privilegiadas, hacia las minorías selectas. Hay un tenaz resentimiento, hay oídos, hay frustración, hay como dijera Mario Riera Pinilla en su momento, “Una Montaña Encendida”.

Esta obra, La Montaña Encendida, recoge y describe la cruel realidad que vive el campesino enfrentado a la tenencia de la tierra por un grupo minoritario, cuyo carácter violento obliga a huir… para no morir.

El pueblo, sin embargo no olvida lo que le impresiona y que por lo mismo desea conservar y transmitir, con su lenguaje de censura costumbrista de la masa iletrada. Porque la resistencia al cambio es un mecanismo natural de defensa contra las influencias de fuera que amenazan tanto el equilibrio de la sociedad como la seguridad efectiva de sus miembros. Es el esfuerzo de la cultura de los pueblos, sobrevivir por la emoción, porque la misma es acumulativa y su característica principal es ser un comportamiento aprendido.

Cada generación aprende lo que la anterior le enseña y a su vez hace su aporte que se suma a los acontecimientos, valores y hábitos. Lo popular, estructurado con la realidad actual conflictiva y angustiante, lo popular que se nutre de si mismo, de elementos que le llegan constantemente para recrear sus expresiones.

La Camisilla – Influencia y realización de Rafael Murgas.

 Hay hombres y mujeres que no se olvidan, porque dejan huellas en las minorías de los pueblos; visionarios, positivos, perseverantes, sin prisa, pero constantes. Uno de ellos fue Rafael Murgas, comerciante, político, pero sobre todo maestro.

Dueño de una cualidad innata para enseñar cosas, para transmitir ideas y con deseos sinceros de enseñar, llega a las Palmas, a la Escuela Agustín Ruiz. (Nombre de un maestro que murió ahogado).

De inmediato se integra a la comunidad, su elocuencia y vivacidad lo hacen ganar el cariño del pueblo; organiza eventos culturales, los desfiles patrios y las actividades deportivas adquieren mayor colorido y participación comunitaria.

(Allí conoce a una alumna, no siendo su maestro, quien años más tarde sería su jefe. Se trata de Florentina Polanco, quien nacida en 1916, hija de Pedro Celestino Polanco y de María Higina Ramírez, cursaba para entonces cuarto grado ………). Desde muy chica, la señora Florentina quien hoy en día (2005) tiene 89 años, recibió clases de costura de parte de Juana Marcela Castillo.

Rafael Murgas, casado y con residencia en Santiago incursiona en el comercio y conjuntamente con el diputado Pablo Pinzón abren una tienda para vender mercancía seca, camisas y pantalones de trabajo. Lentamente el almacén Pinzón Murgas fue conociéndose en la Placita. Su popularidad iba en aumento y su forma de vender hizo que su círculo social se ampliara, por consiguiente la pequeña tienda se fue transformando y ya en 1943 habían diez costureras trabajando.

Murgas fue capaz de emerger y transformar su entorno dada su habilidad para crear símbolos que lentamente se irían convirtiendo en modelos de status y usarlos para comunicarse con otros. Una de las formas fue el convertirse en patrocinadores de la Revista Veraguas, bajo ediciones Cora en noviembre de 1943.

En 1944 se integra a la fábrica de Camisillas Murgas – Pinzón, Florentina Polanco. Con un horario de 7:00 a. m. a 6:00 p. m. de lunes a sábado, conforma todo un equipo de trabajo que fue dirigido por la Señora Ludodina Rodríguez, de Cañazas, quien era la que cortaba las camisillas. En la fábrica también había un sastre, de nacionalidad colombiana. Román Badolle, el encargado de cortar los vestidos y confeccionar los finos pantalones Lux.

Con rigurosidad empresarial, Murgas y Pinzón, viajaban a la capital para adquirir en el almacén La Villa de París de H. de Sola y Co., en la ave. Central, las telas (crea de hilo) tanto para las camisillas como para los vestidos y pantalones. (Posteriormente en este local se ubicaron los almacenes Félix B. Maduro).

El primer modelo (camisilla de penquitas) lucía en su parte frontal alforzas sencillas, llamadas en sus inicios “plumilla”, pues se dibujaban con una pluma. Consistían en sobres puestos a la tela con alforzas encontradas (muy parecidas a las pencas de palma) en número de cuatro espacios en blanco, alforzas encontradas, así hasta la basta de la camisa que abajo tenía dos dobladillos con la misma labor. Abertura a ambos lados (cuchillada) que coincidía con los bolsillos de los pantalones, al igual que botones de nácar para cerrar la camisa y los puños. Con el cuello abierto desde atrás, bajando el canesú, iban tres líneas de alforzas, pero en forma vertical. De fina tela blanca (crea de hilo) y con un costo de diez balboas su venta y uso fue privativo del grupo social que por ella podía pagarlos.

El intercambio simbólico caracterizado por el uso de una camisa en particular tiene una orientación socio – psicológica que intenta explicar y poner de manifiesto la relación individuo – sociedad; y entender el medio social donde el hombre es un producto tanto como un creador. Y eso precisamente fue el DIRIKÄ Murgas (maestro en lengua buglere) quien se inspiró en las pencas de pluma (JURAKÄ) para crear el primer modelo.

(Fue conocido, respetado, querido y bautizado entre los guaimíes como MAGINIANO TUGRI).

Inspirado en los dibujos propios de las NAGUAS (NAUN) (Batas) que utilizan las guaimíes, crea lo que se llamó en sus inicios el diseño piramidal o KUKWÄNBTA, que es un modelo de vestido (BISIRE) cuya característica es la secuencia de pequeñas cocaditas, fiel reflejo de la meseta (Blotu) o pico de cerro.

El segundo modelo de camisilla causó mucha más sensación pues el “tableteo” de alforzas fue encerrado en dos hileras de unas figuras geométricas (NGWITARI –Montaña) que las costureras denominaron cocaditas por su forma y tamaño.

Sin embargo, hay otros nombres que la tradición oral ha mantenido a saber: Piñas, dientes, piquitos y montañitas.

Esta camisilla llevaba “dientes” en la pechera, en la espalda y en los puños que no eran cerrados, tampoco tenía este modelo abertura a los lados. Siempre se mantuvo el cuello abierto.

La demanda fue tal que se instalaron máquinas industriales en 1950 para suplir los pedidos tanto de los pueblos vecinos como de la capital.

Este modelo recibió el nombre de “Cincuentenario” (diseño pirámidal) y presentaba doble ojal por si el dueño usaba botones de oro.

Con frecuencia se usó el hilo torzal por lo recio que es para bordar ojales; y las piñas eran rematadas con puntada de escapulario. Para el cuello: Punto de espiga.

El sobrepuesto, tanto en la pechera como en la espalda, tenía un borde que se remataba con un punto de festón de derecha a izquierda (a caballo) sobre el borde y perpendicular a las “penquitas”. Para este modelo se usó la CRETONA – marca EVERFAST cuyo precio era de B/ 0.90 la yarda y era vendido en el Bazar francés, ubicado en la Plaza de Sta. Ana. El costo de la camisilla era de B/ 25.00.

Sacerdotes, obispos, políticos y presidentes con frecuencia llegaban a encargar la Camisilla de Veraguas, la creación de un hijo del pueblo, un hombre con mucha visión de futuro que quiso en su momento destacar la identidad cultural de la provincia mediante el uso de una camisa y que siempre fue apoyado por un grupo de entusiastas costureras que disfrutaban cosiendo las ideas que dibujaba en un papel Rafael Murgas, cariñosamente llamado ¡Pito – Murgas!

La Camisilla de Veraguas es de Veraguas; como producto realizado en el pueblo fue acogida y adoptada por selección de esquemas; supo llegar al plano emotivo de las gentes, transformándose con el tiempo en la expresión típica del carácter étnico.

En la búsqueda y encuentro de la identidad cultural, que por su propia naturaleza del estado en que se encontraba era confusa, el uso de esa camisa en días festivos provoca una reacción social y psicológica en los grupos humanos que integran la incipiente sociedad que la induce a valorar lo que tiene, pues su uso se convierte en parte de un lenguaje emotivo e inconfundible (aún cuando ya no exista ni la fábrica ni Rafael Murgas).

Y es que cuando se “Viste de Domingo”, como un símbolo, nos ofrece otra visual de él mismo, hay una unión entre lo que es y a lo que quiere llegar a ser cuando se viste; es la vanidad.

La misma que logra que la sastrería y modistería se perfeccione con la vida de los pueblos, esto hizo posible la interacción de las ideas y el surgimiento de otros modelos de camisa.

La camisilla es el reflejo del alma colectiva de una raza y de un pueblo (VERAGUAS) en un determinado momento de su historia. Allí estuvo presente Rafael (Pito) Murgas. Y como dijese Reginaldo Macías; este retorno al ayer fue posible gracias a Florentina Polanco.

Las diferentes versiones sobre la hechura de la camisilla, son tan sólo aproximaciones histórico – geográficas a la genuina herencia de la hispanidad del siglo XVI; sin embargo, podemos afirmar que este desarrollo evolutivo no se verificó repentinamente, sino que a medida que se ejecuta el mestizaje, así también la camisilla y la forma de vestirse modifica su forma y su modelo, adquiriendo caracteres propios de la época, pero sobre todo recibiendo el sello personal de cada costurera.

En la medida en que se consolidó la cultura nacional y se indicó el desarrollo capitalista en el área de Veraguas, producto del acentuado proceso de ocupación de grandes extensiones de tierras por los terratenientes, se fue acelerando la desintegración de las comunidades tradicionales y fueron desapareciendo sus expresiones artísticas populares; entre ellas la confección de la camisilla.

Porque se fueron expandiendo aún más las diferencias culturales (producto de la emigración) entre los centros urbanos y los rurales como así mismo los reductos de la vida feudal y los centros de producción.

Es mediante el estudio de estos fenómenos como podemos visualizar la evolución de una sociedad que no permanece estática, que se va construyendo sobre bases religiosas, cuya atmósfera está impregnada por las opiniones de los viajeros arraigados a la burguesía capitalista imbuida de espíritu político, política que se convierte en el agente disgregador de los grupos sociales.

Bibliografía

  • Santiago Ayer y Hoy Juan Manuel Guevara M.
  • Estructuras Sociales y Económicas de Veraguas desde sus orígenes Alfredo Castillero C.
  • Santiago de Veraguas Colonial Alberto Osorio
  • Memorias 1851 Francisco Pomar
  • Director de la Escuela Normal de Veraguas
  • Revista Destellos Rafael Murgas
  • Entrevistas Personales (Veraguas)
  • Florentina Polanco 89 años Costurera Las Palmas
  • Isidra Villarreal Hídalgo + Costurera Martincito
  • Celso Noé Batista 61 años Sastre - Montijo
  • Arcadio Mojica 65 años Mercadito Diana(La Placita)
  • Fonda hermanos Bonilla Mercado Público
  • Constantino De León 81 años (Tinito) Educadores
  • Rosa de De León 75 años
  • Tilcia Esther Ramírez de Aranda Educadora
  • Denia Vergara de Espinosa 60 años Costurera (Guararé)
  • Benigna A. de Segura 89 años Costurera (Bethania)

Ficha Técnica

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